Un cerrojo en ambas direcciones

Un cerrojo en ambas direcciones

 

El Atlético demostró en Eindhoven que sufre un grave problema. Su escaso acierto en la finalización le destinó a un empate sin goles ante un PSV que acabó con un hombre menos pidiendo la hora. Aplazó el gol para el Vicente Calderón, donde deberá decidir una eliminatoria que pudo encarar a domicilio.

Veinte minutos con un hombre más o dos mano a mano con el portero rival deberían ser suficientes motivos para hacer daño a tu rival. No en este Atlético, el de las últimas fechas, al que le cuesta un mundo ver puerta y que su trabajo se vea reforzado por el remate de sus delanteros. El muro que los rojiblancos tienen en la portería contraria es tan alto y resistente como el que levantan en campo propio.

Decidió el equipo de Simeone que el choque se cocinase a fuego lento. El escenario fue el típico de un primer asalto en eliminatoria de Champions. Dos equipos con mucho respeto, más pendientes de no cometer errores que de poner en aprietos al rival.

A pesar de ese temor latente las ocasiones llegaron, especialmente del lado del Atlético. En Eindhoven volvió a evidenciar el equipo del Cholo sus problemas en la definición. La epidemia del gol se ha extendido hasta Griezmann, y eso ya sí resulta preocupante. El francés imitó a Vietto y ambos erraron en el mano a mano con Zoet en dos ocasiones inmejorables para dejar de cara el pase a cuartos.

La sequía no se acaba ante diez

Los de Cocu, un equipo aseado y con cierto peligro cuando consiguen dar verticalidad a su juego, también contaron con sus opciones. Las que tuvo, centradas especialmente en un disparo a quemarropa de Pröpper, las desbarató Oblak.

El Atlético dominó pero se encontró con el problema de casi siempre. Simeone se acordó de Torres a ver si por ahí encontraba solución a la sequía. Pero el que intentó poner remedio fue Godín, que tiró de experiencia para sacarle la segunda amarilla a Gastón Pereiro y condenar al PSV a veinte minutos de angustia. En superioridad tampoco encontró soluciones el Atlético. Ni siquiera la entrada de Correa -mucho más dinámico y vivo que el resto- consiguió acabar con ese complejo en los metros decisivos. La enfermedad del gol castiga al Atlético, que deberá encontrar cura en el partido del Vicente Calderón.

 

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